lunes, 24 de septiembre de 2012

ADMINISTRADORES DESAFINADOS

ADMINISTRADORES DESAFINADOS


La función administrativa y las actividades administrativas son la columna vertebral del trabajo humano. No sólo del trabajo, ya que la base tecnológica y social de todo conglomerado humano está fundamentada en las posibilidades administrativas que puedan formar el marco en que se desenvuelvan las empresas de sus miembros. De suyo, una de las más importante facetas del gobierno es la administración que se identifica en muchas áreas con la función del mando y del poder. No en balde el honesto dictador Porfirio Díaz repetía como lema de gobierno, de lo que él consideraba buen gobierno, “poca política y mucha administración”.
La música, al igual que cualquier otra ocupación humana, requiere de administradores, de especialistas que sean capaces de crear, mantener y hacer funcionar la compleja infraestructura técnica y material que será el punto de despegue de la difícil y complicada labor artística. En el campo musical, más claramente dentro de la especialidad de las orquestas sinfónicas, esas funciones administrativas son críticas y delicadas. Lo explosivo e inestable del material humano que supone la interacción de cien poderosas individualidades, cargadas (en casos ideales) de conocimientos y siempre alerta a las fricciones y al ejercicio violento de las neurosis es únicamente parte de la complicadísima elaboración de trabajos que incluyen la coordinación de actividades de miles de personas, en todo tiempo y por todo el mundo. Luis Herrera de la Fuente ha dado la más oportuna, descriptiva, verdadera y sintética definición de lo que una orquesta sinfónica implica en el campo administrativo: “es una crisis permanente”.
En los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, los administradores musicales son profesionales especializados. Los norteamericanos imparten cursos universitarios de especialización musical a los alumnos de las carreras de administración que se interesan en ello, y los educan de veras. La función de administrador musical implica, en esa esfera, toda una carrera universitaria y la posesión del adecuado conjunto de conocimientos, tacto, intención y experiencia que todo ejercicio profesional requiere. En general, además de los conocimientos generales y especiales de administración, esos expertos conocen, a fondo, los campos musicales que deben administrar (desde la visión exterior del que no es artista, usualmente), y en algunos casos, son músicos ellos mismos. También poseen tres o cuatro lenguas con fluida corrección y son capaces de organizar, rápida y eficazmente, cualquier sistema (en sentido administrativo) que soporte la operación de cualquier necesidad técnica o artística que pueda surgir en el curso de las actividades propias de los músicos. Grupos como la Filarmónica de Berlín, la Sinfónica de Chicago, la Opera de Nueva York, el Metropolitan Opera House, e instituciones como la Philarmonic de Berlín, el Royal Festival Hall de Londres o el Carnegie Hall de Nueva York trabajan bajo esas premisas administrativas, que permiten el trabajo de Von Karajan, Bernstein, Solti y sus músicos y cantantes.
De todo ello, ¿qué tenemos en México en el campo administrativo de la música? El panorama nacional es casi desolador en virtud de que todavía nos hallamos en la etapa empírica, previa a la técnica, en la que prácticos habilitados a base de errores tratan, con muy poco éxito, de manejar la administración de la música, provocando, a causa de su incompetencia básica, problemas sin cuento que repercuten con gran fuerza en los resultados puramente artísticos que los conjuntos e instituciones, que desgobiernan, intentan producir. Algunas personas sirven, a causa de su sentido de responsabilidad, organización y gusto por el orden, pero incluso ellas son prácticas, usualmente entrenadas por algún músico capaz, cuyo número es infinitamente inferior a las necesidades y que, cumpliendo con la respectiva Ley de Parkinson, están sobresaturadas con el trabajo de toda una caterva de holgazanes e incompetentes que cobran sueldo por su no siempre constante presencia física en los lugares del trabajo que no realizan. En general, la administración de la música en México se ha encargado tradicionalmente (nefasta tradición) a músicos que no entienden un pepino de administración, a personas comunes (cuando no abortos administrativos) que no tienen preparación en campo alguno y que, cuando tienen la voluntad y diligencia requeridas, aprenden parcialmente su trabajo, a frentazos y errores sin cuento ni precio o a individuos que no tienen más interés que el figurar y cobrar sueldo. Esto ha condicionado que la tónica del administrador musical mexicano sea la de la improvisación, la incapacidad y la irresponsabilidad. A veces, se nombra administrador a personas de probada incompetencia, de comprobada ineficacia y demostrada irresponsabilidad, quienes a cambio de sueldos en ocasiones muy abultados, prosiguen su siniestra tarea de arruinar y estorbar el trabajo de los artistas.
Hay muchas formas de corrupción y el ocupar un lugar que no se puede atender por ignorancia o falta de experiencia constituye un caso de corrupción, que puede verse agravada cuando las intenciones profesionales de quienes aceptan un empleo no tienen la rectitud de quien trabaja con lealtad sino que persiguen fines financieros o de poder político.
La cleptocracia, contra la cual lucha (al parecer con éxito muy limitado) el gobierno, y sus formas derivadas de corrupción permiten esta situación que mucho daña al país en su cultura musical. En México, una vez más tradicionalmente (y una vez más maldita sea tal tradición), el director de un conjunto sinfónico debe hacer todo el trabajo administrativo (a más del musical propio de su cargo), desde obtener la música impresa hasta poner sillas, so pena de que el cobrador administrativo correspondiente falle y no tenga listo algún elemento esencial para el trabajo artístico en los ensayos o incluso en el concierto.
La organización de eventos a los que no asiste público suficiente, que tienen un programa muy atractivo que será presentado con decoro, cuando no es el caso de que algún solista de fama mundial será quien actúe, son un caso típico de falla administrativa en la promoción y publicidad de los eventos, en la motivación al público que con tanta eficacia logran los profesionales en administración y relaciones públicas. Esos conciertos clandestinos, que son un auténtico desperdicio de talento y un brutal tiradero de recursos financieros, no tienen justificación administrativa y sí un remedio no demasiado difícil. Desde la hora en que a veces se tocan tales conciertos (asunto administrativo) que puede ser totalmente inadecuada para una razonable afluencia de público hasta el hacer conocer la presencia de algún solista importante o de alguna obra excepcionalmente atractiva, son actividades que un administrador profesional realiza sin penas y que los ineptos o los impreparados carecen de posibilidades de lograr.
Las actividades musicales son importantes y su administración es un atractivo reto que puede ser bien remunerado y muy estimulante para los jóvenes con vocación administrativa.
¿No valdría la pena implantar los estudios correspondientes para captar los talentos adecuados?
Y así salir de los inútiles.
MTO JORGE VELAZCO
DE MUSICA Y DE MUSICOS
UNAM
Febrero de 1980
TRANSCRIPCION:
LUIS MARTINEZ AVILA

Y LAS BANDAS?

¿Y LAS BANDAS?

Una de las cosas que no todos los aficionados a la música saben, es el papel de los instrumentos de viento en la entonación de una orquesta sinfónica. Junto a los aristocráticos instrumentos de cuerda, las agudas trompetas, los potentes trombones o la tuba, parecen carecer del refinamiento del violín o del cello, y las flautas y clarinetes, en menor cantidad que las cuerdas, no dan fácilmente la verdadera idea de su gran importancia.

En realidad, el eje de afinación de una orquesta sinfónica radica en los instrumentos de aliento que definen, estabilizan, apoyan y corrigen a los de cuerda. Las orquestas de afinación fabulosa (Berlín, Chicago, Londres), parten de una precisión de absoluta certeza en sus alientos, lo que permite a la cuerda la realización virtuosística de su trabajo.
Tal vez no sea una casualidad que los países productores de grandes conjuntos sinfónicos sean también naciones en las que las bandas tienen gran arraigo y desarrollo, en las que toda una tradición de bandas de música constituye un auténtico semillero de instrumentistas que, mediante un proceso decantador de selección llegan, desde las bandas juveniles o profesionales, a las filas de los conjuntos sinfónicos, ofreciendo su experiencia y preparación basados en fuertes tradiciones, depurada escuela nacional y rica vida de bandas.

En Inglaterra y en Alemania, las actividades de las bandas son de un vigor inusitado y la calidad de las mismas es el pilar de sus actividades sinfónicas en materia de instrumentos de aliento. Es claro que toda producción de profesionales está basada en la cantidad y calidad de las escuelas que los forman y entrenan, pero la existencia de actividades para profesionales y la necesidad de ejecutantes para la formación de bandas condicionan un caldo de cultivo del que surgen las personas necesarias para apuntalar y elevar el otro nivel, más sofisticado, de la orquesta sinfónica.
En Estados Unidos, aquel paraíso sinfónico que tiene más orquestas que toda Europa junta, de las cuales la mayoría son de una calidad que en Europa sólo se ve en los más grandes conjuntos, tiene una riquísima vida de bandas. Militares, profesionales y estudiantiles, todas las que se forman tienen una calidad muy elevada y algunas son realmente sorprendentes. Las universidades integran bandas con sus estudiantes de todas las carreras para tocar en sus juegos de futbol.
Algunas casas de estudio tienen dos y tres bandas y los estudiantes de música que tocan en las mismas no suelen pasar de un cuarenta por ciento de sus integrantes. Los demás son futuros ingenieros o juristas o químicos, quienes cultivan sus espíritus por medio de un instrumento musical. Suelen ser de 150 y más músicos y tocan con una perfección envidiable. Desde estas bandas hasta el célebre y muy imitado caso de John Philipp Sousa, el gran maestro bandero de todos los tiempos, la gama del mundo americano de las bandas les ha dado una jugosa tradición, en poco más de un siglo de existencia.
¿Por qué no hay algo similar en México?
Habremos de pensar, para proteger nuestras conciencias, que no es por falta de capacidad, ni siquiera de tradición sino por la falta de apoyo financiero y administrativo y por las carencias pedagógicas en cantidad y calidad que parecen cada vez más angustiosas y que se antojan eternas.
¿Tradición de bandas en México? El siglo pasado, la Secretaría de Guerra y Marina mantenía una banda de música, al parecer de gran calidad: la Banda de Zapadores, la cual, ya formada, fue dirigida en su mejor época por Velino M. Preza, nacido el 26 de noviembre de 1875 en Durango. Preza había estudiado en su ciudad natal y en 1888 llegó a México para estudiar en el Conservatorio Nacional de Música, donde fue alumno del célebre r hoy olvidado Luis Moctezuma (profesor de piano) y de Carlos J. Meneses, primero el primer pianista de México, y después director de orquesta.
Preza tenía un talento especial como director y arreglista; compuso muchas marchas para su conjunto y después de un buen período de entrenamiento al frente de la Banda de Zapadores, fundó en 1904 la Banda de Policía, que llegó a ser, indudablemente, la mejor de México y una de las más finas del mundo en su óptimo período.
Al decir México, debe recordarse que había en la ciudad por lo menos otras tres bandas de calidad (la Banda de Zapadores, la Banda del Estado Mayor y la Banda de Artillería), amén de otras de no mala Fama y que todas las capitales de los Estados tenían por lo menos una banda. Al decir del mundo, debe recordarse que en Estados Unidos vivía y trabajaba Sousa, y que en Europa, sobre todo en Francia, el origen militar de la banda les permitía una muy activa vida en los países que cultivaban el militarismo, tal vez culminada musicalmente por obras como la Sinfonía Fúnebre y Triunfal o la misma Gran Misa de Difuntos de Berlioz.
La Banda de Policía, bajo la dirección de Velino M. Preza, se presentó en Estados Unidos y en Europa, y obtuvo halagos, aplausos, premios y un reconocimiento a su valor que se otorgó sin escatimar un palmo de lo que se daba a los conjuntos europeos o al mismo Sousa, quien oyó y admiró a la banda mexicana.
El 2 de agosto de 1941, el secretario de Marina, general Heriberto Jara, fundó la Banda Sinfónica de Marina, y encomendó su dirección a uno de los discípulos de Preza (fallecido en 1946), el por muchos conceptos célebre Estanislao García Espinosa, originario de El Grullo, Jalisco, quien había estado ya relacionado con la Banda de Zapadores y con la Banda de Policía. Actuó con ella hasta 1970, cuando Miguel Ángel Guerrero Calderón fue nombrado director.
Guerrero Calderón, uno de los mejores y más experimentados músicos de México, consiguió elevar el número de músicos de la banda en un cincuenta por ciento y logró incrementar la calidad de la misma en un ciento por ciento. Tan sólo seis años después de su nombramiento, la Banda Sinfónica de Marina participó en un concurso nacional organizado por la Secretaría de la Defensa, en el que tocaron tanto bandas militares como civiles r obtuvo el primer lugar. En 1978 tocaron en Yugoslavia y ganaron el premio correspondiente. Además, han ofrecido conciertos en Estados Unidos y en Europa, y el éxito parece haberlos acompañado siempre. Existen otras bandas y otros director sin ir más lejos debe recordarse la obra de David Negrete, lamentable y prematuramente fallecido, fundador de la banda de la delegación Cuauhtémoc, y mencionarse a su alumno y sucesor Ismael Campos, así como a José G. Mojica, director de la Banda del Ejército y músico y solista de altos vuelos.
Entonces, ¿qué diablos pasa con las bandas? ¿Por qué no bulle su actividad? ¿Por qué no son conocidas y reconocidas?
El cuento es tan viejo y manido que resulta tedioso: la falta de escuelas, ¿sabe usted? La falta de un estímulo adecuado para motivar vocaciones y fortalecer realizaciones.
Al parecer no es tarde todavía, no se ha perdido esa tradición, como se perdió la riquísima tradición coral de la Colonia y se está perdiendo la tradición vocal y operística del siglo pasado, pero las actividades languidecen por falta de apoyo.
Unos pocos de “petropesos” inyectarían vigor y fuerza al mundo mexicano de las bandas, y al rescatar esa tradición del olvido que principia a caer sobre ella, darían una gran fuente de esparcimiento a muchos mexicanos y apoyarían el mundo sinfónico nacional que parece tener tantas potencialidades y tantas promesas.
El talento mexicano puede todavía colocar a México en el mapa mundial de la cultura musical.

MTO JORGE VELAZCO
DE MUSICA Y DE MUSICOS
UNAM
Abril de 1979
TRANSCRIPCION:
LUIS MARTINEZ AVILA

VIDEOS DE INSTRUMENTOS QUE SE OFERTAN

La educación musical es una actividad pedagógica, que involucra diversos aspectos del desarrollo del ser humano. Específicamente en el nivel inicial de educación musical comprende un conjunto de actividades que le permiten al niño manejar su voz, afinar su oído, desarrollar su sentido rítmico natural y expresarse corporalmente mediante ella. Todas estas actividades deben estar integradas de manera equitativa en un programa variado, significativo, interesante y diversificado de acuerdo a la edad y demás características del grupo de estudiantes.
La educación musical puede ser concebida o como un medio o como un fin en si misma.
a)      COMO MEDIO, la educación musical nos permite motivar, desarrollar o reforzar nociones propias de otros aprendizajes. Concretamente podemos desarrollar nociones lógico matemáticas, o juegos musicales.
b)      COMO FIN en si misma, constituye un excelente vía de expresión, comunicación y creación que ejercita nuestra sensibilidad humana, la inteligencia creadora y la imaginación. Por lo tanto, la música, como fin en si misma, se convierte en una excelente profesión cuyos límites solo los marca el propio artista.

PIANO, CANTO


FLAUTA, CLARINETE, SAXOFON


VIOLIN, GUITARRA


TROMPETA, TROMBON, TUBA


BAJO ELECTRICO, PERCUSIONES


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domingo, 23 de septiembre de 2012

EDUCACION MUSICAL

Es casi ocioso señalar la importancia que tiene la música en la educación, en el proceso formativo del ser humano. También resulta casi superfluo destacar la importancia de la educación, esto es de la enseñanza, en el proceso de preparación de los músicos profesionales. Ello culmina en la conciencia de la enorme importancia de la educación y de la música para México, de su infinito poder como aglutinadora, correctora y emuladora del medio social, a más de su papel como benefactora de la evolución cultural y económica.
Esos razonamientos inciden sobre un examen de la situación del estudiante de música en México, sus posibilidades de aprendizaje y desarrollo y la forma como el hueso y nervio profesional del país puede llegar al vigor adecuado. En ese campo nos hallamos frente a un panorama muy complejo, con una chispa de esperanza y muchos aspectos desoladores. En general, el medio educativo de la música se halla en un punto muy deteriorado, casi en aquel período de la decadencia que jamás conoció el auge.
Las escuelas son deficientes, por sus planes de estudio que oscilan entre las posiciones antediluvianas y la imitación servil y extralógica de modelos extranjeros, no necesariamente óptimos. Los maestros son, por un lado, insuficientes en su número y, por otra parte, deficientes en su calidad pedagógica y profesional. Las brillantes excepciones que hay en todas las escuelas no hacen sino contrastar con más fuerza el nivel general de mediocridad al que problemas no muy difíciles de resolver mediante salarios adecuados, cursos de instrucción y un buen nivel de disciplina y organización han llevado a muchos que podrían ser excelentes maestros con un poco de ayuda y motivación profesionales. La falta de una disciplina adecuada, conduce a una situación que desestimula por completo a los maestros al consentir sin tino a los alumnos.
El medio estudiantil, en general, tiene alumnos politizados al exceso, no muy interesados en la adquisición de conocimientos, que alucinan con la revolución y que buscan el acceso a la vida profesional por el camino del asambleísrno y la presión política, inspirados y alentados en algunos casos por ciertos maestros, que tratan de obtener por este medio las ventajas personales y profesionales que su talento, capacidad y trabajo les han negado. Esa inquietud ha impedido que este país de rica tradición coral tenga los coros que puede, merece y debería tener. Esa oscura agitación de nivel de estulticia dañó tanto al medio en la época de los consejos y la turbulencia que desató el poco acierto del gobierno en materia cultural y la baja política (expresada en la guerra a Carlos Chávez) que agitó por algunos años al medio musical. Se inflingieron daños a la ópera, a la música instrumental y a la enseñanza. ¿Irreparables? Muchos esfuerzos se hacen ahora por mejorar y cambiar aquel enfoque. Lamentablemente los daños a las estructuras técnicas no se reparan por decreto y será menester el transcurso de muchos años de trabajo para volver, en algunas áreas, a obtener los niveles que este país ya poseía antes de 1970.
Por otra parte, están diversas circunstancias adversas en contra de los estudiantes de música. Algunos deben interrumpir sus estudios y formación a medio camino. Unos (los menos, afortunadamente) por llana y simple incapacidad, por falta de aptitud, por falta de talento para continuar y en algunos pocos casos siniestros por falta de voluntad y exceso de holgazanería, por pura y franca pereza. Otros, por falta de recursos económicos, por falta de ayuda material y apoyo financiero. Ante sus necesidades monetarias y la sed que las instituciones profesionales tienen de los músicos que las escuelas NO preparan en cantidad ni calidad adecuada, los jóvenes talentosos se tienen que prodigar en el desempeño de trabajos que deberían ser afrontados por experimentados profesionales. Las difíciles circunstancias personales los obligan a trabajar prematuramente, interrumpiendo sus estudios para ganar donde sea y como sea el sustento para ellos mismos y sus familias. Las instituciones profesionales, ahogadas por la falta de recursos humanos, saltan sobre cualquier joven capaz de tocar con cierta eficiencia y le corrompen como estudiante, al reconocer con un salario profesional, a veces alto, que sus estudios han terminado y que no necesita llegar más alto como músico para ganarse la vida.
Los jóvenes mexicanos, cuyo talento musical es inmenso y abundante, requieren de un verdadero apoyo para lograr el nivel que su capacidad merece. El intento de la escuela Vida Movimiento es de lo más loable que concebirse pueda pero no es, infortunadamente, suficiente. Hace falta todo un sistema de apoyo institucional, como el norteamericano, donde un estudiante pobre y bien dotado puede hacer su carrera hasta el fin, sin tener que claudicar por falta de apoyo. Es preciso dejar el opio de la cogestión escolar, los planes de estudio hechos por estudiantes (situación que comparte la posición de un niño que planea su educación y la de un cirujano que pretenda operar su propio corazón o cerebro) y la inquietud de política burocratizante por obtener “cédulas profesionales”. El primer deber de un estudiante de música es tocar bien, cantar bien, componer bien, y esto sólo se puede hacer con mucho talento y aún más trabajo.
Este país requiere todavía la presencia de músicos importados para tocar en las especialidades que sus escuelas no producen y para enseñar lo que los jóvenes necesitan saber y que no hay quien les enseñe. Pero la importación de músicos, en principio muy saludable y que ha existido siempre en el campo cultural, no servirá de nada mientras los nacionales no adquieran la disciplina necesaria para aprender y trabajar. La disciplina no se estudia, es una actitud derivada de la voluntad y el ejercicio, de la práctica reiterada. Mientras no trabajen, mientras se dediquen a holgar en vez de estudiar, todo el talento importado, que es grande y costoso, será inútil. Algunos maestros nacionales y extranjeros son excelentes pero la generalidad de los alumnos no parece compartir esta situación. Hacen falta muchos músicos importados, más todavía. Se requiere todo el conocimiento y el “know how” de los países más avanzados para poder formar el talento mexicano. Pero esta cantidad de profesores debe estar balanceada por la correcta posición académica y actitud vital de los alumnos.
Recientemente, siempre con base en la traición que les hacen ciertos maestros al desorientarlos con perversos fines de provecho personal, nuestros estudiantes de música, como actitud general, han probado las siguientes inquietudes: en vez de trabajar sus disciplinas realizan asambleas; en vez de estudiar con ahínco gastan (o desperdician) el tiempo en intentos de presión para obtener, como reconocimiento a sus exámenes (no a sus conocimientos) una cédula profesional, credencial mágica de mediocres que les exime de exhibir sus incapacidades (siempre alentados por aquellos maestros que necesitan de títulos para encubrir sus imposibilidades), la cual demandan, garrote en mano, de la Secretaría de Educación Pública; en vez de la práctica de la disciplina y del arduo esfuerzo que sus difíciles carreras exigen, malgastan su fuerza de voluntad en gritar por falta de oportunidades para “actuar” exponiendo algo que todavía no saben hacer; en vez de cultivar el idealismo imprescindible para salir adelante en los difíciles menesteres de la música, son víctimas (en parte como proceso imitativo de ciertos maestros) del más roñoso materialismo laboral, casi gansterismo, expresado en la exigencia de pago por sus actividades estudiantiles de práctica pública. Esto último no es demasiado extraño si se toma en cuenta que en este país hay orquestas de alumnos, que por definición deberían estar dedicadas al aprendizaje y a la práctica, que tienen directores “titulares”, quienes tratan de organizar conciertos profesionales y bloquean el tiempo, que debería de ser usado por los estudiantes de dirección y composición, para ensayar los conciertos que no pueden lograr en las esferas profesionales.
Todo ello coloca al buen estudiante (los hay, gracias a Dios) ante una posición extremadamente difícil. Tienen que luchar contra todo lo que hay que vencer, contra todo lo que hay que pelear dentro de uno mismo y superarlo, tienen que derrumbar barreras interiores de magnitud formidable y, además, derribar los obstáculos exteriores, que siempre han sido temibles y que ahora se ven agravados por esa otra nueva traba peligrosa y gratuita, añadida y condicionada por las actividades estudiantiles antes mencionadas, alentadas por profesionales corruptos, de la más baja ralea musical. Esas malignas entidades, cuya mediocridad esencial no les permite otro camino que el de la agitación para obtener, al menos, un fugaz segundo de la notoriedad que sus enanas almas anhelan y que profesionalmente no pueden alcanzar de otro modo ya que su incapacidad artística no les permite otro resultado, son un verdadero cáncer de la juventud que debería ser extirpado a toda costa ya que cuando denuncian las “actitudes burguesas” del medio profesional se olvidan de algo (tal vez hasta lo ignoran): la música burguesa, que se cultiva con devoción y esmero en TODOS los países socialistas no admite incapaces ni holgazanes. Es claro que esta situación condiciona el vicio de los incapaces y de los perezosos: quienes se dedican, en vez de trabajar, a la denuncia (con celo redentor) de nuestros vicios antidemocráticos se salvan, de paso, de exhibir su incapacidad, que en algunos casos es una verdadera y auténtica imposibilidad.
Las individualidades pueden todavía superar todo eso y de suyo lo superan y rebasan. Pero ello no vale en el enfoque de la educación ya que lo que ahí se busca, a través de los sistemas y las escuelas, son soluciones colectivas e institucionales para poder producir un gran número de gente capaz, para lograr profesionales eficaces a carretadas, justo como lo hacen los Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania y Francia.
Las condiciones escolares se reflejan en las profesionales. Nuestros músicos empiezan tarde con relación al promedio de otros países. El joven profesional norteamericano suele tener la edad de nuestros estudiantes medios y la de algunos principiantes. La escasez de la oferta incide en el alza de los salarios, pero nadie toca mejor si se le sube el sueldo, así es que la falta de alumnos capaces y el progresivo encarecimiento de los recursos profesionales agota todo presupuesto, causa una progresiva pauperización y motiva la pereza en mayor grado. Los estudios interrumpidos por la codicia de los altos salarios son la peor maldición del medio profesional. La falta de un sistema de becas para obtener el refinamiento de los estudios termina de aplastar a los que tuvieron el heroísmo de continuar y terminar contra viento y marea ya que les impide seguir el ascenso que su esfuerzo, voluntad trabajo lograron,
¡Qué horror!
¿Es ésta la voz del pesimismo?
¡No! Al contrario. Es la denuncia de que nuestros talentos (inmensos, innumerables) requieren ayuda y estímulo para que den los frutos que pueden dar. Los vicios son de simple aunque no sencilla solución; un poco de buena voluntad y un mucho de trabajo los pueden resolver y no debemos abandonar a los desorientados jóvenes talentosos a su suerte. Hay que darles la mano y sacarlos de los peligros del pantano escolar en que hoy se debaten.
Podemos hacerlo, ya que las claras soluciones se hallan a nuestro alcance: disciplina, estímulo y trabajo. La música ha sido siempre apoyada en México por el Estado, con una pionera y avanzada visión.
Gobiernos tan disímiles como los de Santa Anna, Maximiliano y Porfirio Díaz dieron apoyo a la música. Los gobiernos del siglo XX también lo han hecho, en proporción todos a su interés y recursos, pero nunca antes (hasta ahora) se había hecho en proporción a las necesidades nacionales y todavía falta. Como todo sediento que bebe, nos desconcertamos y nuestros primeros sorbos son poco efectivos, pero ahora podríamos realizar medidas verdaderamente productivas en el campo de la educación musical. El mexicano ama la música, Este país tuvo la primera escuela musical de América, las sinfonías de Beethoven se tocaron en México antes que en Roma; la ópera surgió en México en el mismo año que Handel hizo su primera ópera en Inglaterra; los coros tuvieron un auge que asombra. Los genes son los mismos ahora; deberíamos aprovecharlos.
En verdad que quien puede aprender no necesita maestros y que a quien es incapaz ningún maestro puede enseñarle nada, pero esto sólo se conoció en las escuelas y necesitamos del sistema y las instituciones para facilitar el camino de los que pueden aprender.
¿No podríamos hacer algo pronto?

MTO JORGE VELAZCO
DE MUSICA Y DE MUSICOS
UNAM
Febrero de 1980
TRANSCRIPCION:
LUIS MARTINEZ AVILA
NOVIEMBRE DE 2010

martes, 18 de septiembre de 2012

ENSEÑANZA MUSICAL PROFESIONAL

Escuela Superior de Música de Tehuacán. Es una escuela de música que ofrece
un nivel medio superior (técnico) para las personas con talento que estén interesadas en aprender el lenguaje de la música y tocar algún instrumento con la técnica necesaria para proseguir una carrera profesional musical.
Dentro de sus objetivos esta el impulsar el talento musical en Tehuacán, dotando al
alumno de una preparación específica en una determinada especialidad musical,
principalmente en jóvenes que estén cursando o terminando su educación secundaria o preparatoria, a fin de que cuenten con conocimientos necesarios para proseguir una carrera profesional musical. Aunque también puede ingresar cualquier persona  de cualquier edad que demuestre aptitudes musicales.


Los costos a manejar son:
Inscripcion: $300.00
Mensualidad: $400.00
Las materias que cursaran los alumnos son:
Solfeo                                6 clases a la semana
Instrumento                       2 clases a la semana
Introduccion a la Música:    2 clases a la semana
Optativa o seminario          2 clases a la semana
                             


PERFIL GENERAL DE INGRESO. Tener vocación, capacidad auditiva, visual y motriz, habilidad  manual, coordinacion corporal y disciplina.
NOTA. No es necesario tener conocimientos previos de solfeo ni del instrumento a elegir.
            Es recomendable que el alumno tenga su propio instrumento para facilitar su avance.
                      REQUISITOS
1. Certificado de secundaria (original y copia)
2. Comprobante del último año escolar
3. Acta de nacimiento original y copia.
4. Ficha de depósito pagada, con dos copias.
5. Comprobante de domicilio, original y copia.
6. CURP.
7. Certificado de salud

INFORMES E INSCRIPCIONES
ESCUELA SUPERIOR DE MÚSICA DE TEHUACÁN
2 PONIENTE No 138, COL. CENTRO
TEHUACÁN, PUE.
TELS: 3920939
     2381276945
     2381213726     

HORARIO: 16:00 A 19:00 HRS.